Poemas

Daños

Hoy recuento los daños.
Dos heridas previas,
una que pudiera abrirse.
Quizá estoy loco,
quizá hoy nos ahogamos.
Mira con qué belleza
me tienes atrapado,
mira con qué delicadeza
me arrinconas desarmado.
El tiempo es una duda,
hojas marchitas, extrañas
un hueco para rellenar
con tu tacto que debo extrañar.
Comprende que deseo de vos
tu misterio, tu magia
pizca de tu alma;
apenas se figura tu sonrisa
y el daño ya está hecho:
cedo ante tal encanto,
¡imposible no adorarlo!
Ella es fresco fulgor 
colgándose por la mañana,
tibio roce, brillante calcomanía
adhiriéndose al campo de sol,
se derrite en la cama
y en medio de la manía
bebería de tu fuente,
adorando soles y lunas
extasiado de valles, planicies
y montañas de tu piel.
Seríamos dos locos danzantes
jugando (ser) amantes,
presas de felicidad,
lejos de inquietudes vanas,
enlodados de sensaciones sagradas.
El fuego besó tu pelo,
arde en viento
serás mi guía, tesoro anhelado,
mi joven dama, faro antiguo
Disipas dudas, miedos,
entre candiles y sombras,
iluminas castillos, recónditos
espacios del interior.
Alimentaré con devoción
tu fuego todas las noches,
levantaría altares, templos
y en el devenir de los tiempos
seré tuyo, tuyo, tuyo,
y serás mía, mía,
mía.

Extraños

Me duele tu ausencia.

Me desgarra tu indiferencia,

me rompe la espalda tu silencio, 

me desbarata mi soledad.

 

Eliges tu camino

en danza libre, 

mortífero artilugio de amor, 

y eclosiona la esperanza de que me puedas amar,

a mi pesar,

a tu pesar.

 

Inquieta que todo esté suspendido,

tieso, rasguñado, tibio como beso aniquilado

en una noche fría de Neptuno,

cual amor desconsolado,

en carta abrumadora, puerta cerrada,

infinito laberinto de hiedra.

¿Dónde nos escondemos,

acaso jugamos a no entendernos?

 

Nadie me dijo que dolería,

no me avisaron que tu partida fría 

sería al despuntar el alba.

¿Cómo no extrañarse,

si entre los dos hay un bosque de confesiones,

palabras moribundas, 

sueños resquebrajados?

 

¿Cómo no doler tu frío,

tu mirada perdida,

si mis ojos ya no arden, 

si mis maños ya palparon

la dura pared del abandono?

 

¿Cómo reencontrarnos,

en este mundo de reflejos inciertos,

de niebla pálida, de fauces feroces?

Tácticas #2

Una espalda.

Hermosa, tersa, cobre de delicia.

Pradera a explorar, cofre de avaricia

tu cuerpo se avecina

a belleza insospechada,

diamante  en encrucijada,

terreno baldío

y yo soy ese explorador

deseando desempolvar

las manos y quemármelas en tu amar,

borrar toda desgracia

y quitar el cerrojo a la nada.

Bailas en la noche

con el titilar estelar,

retozando en una esquina

y te reflejas mezquina, andina,

casi muerta.

Te recojo de las cenizas

pero te aferras a la distancia.

Viéndote desde mi cornisa

apareces en lisa

tersitura, piel que habita palpitante

un gusto por anhelarme,

busco tanteante un calor sofocante,

caricias reprimidas

y miradas no-fingidas,

te observo, admirado

por todo lo que podrías ser,

perplejo de mil maravillas

me siento atraído en ver como me orillas

a tus sueños, a tus mejillas.

Quiero sentir como mutilas

toda mi resistencia,

destrozas mi soledad

y conquistas este lado del Mar,

quiero provocar que tanto me podrías amar.

Mis versos están muertos.

Como los de Silvia Plath.

Muertos, perdidos, vagabundos.

Escasea el material con el que los construyo,

ya no sé con qué alimentar

a esta criatura insaciable,

se acostumbró a saciarse de sonrisas bellas,

de frescos retoños de amor.

Se hartó la bestia

de consumir migajas de lo que pudo ser.

Exige un manjar de besos,

una suculenta silueta,

un festín de deseo, una ruleta rusa

que clave un anuncio

exclamante, claro:

este hombre tiene dueña.

Mientras reconstruyo

el método de conquista,

estudio el mapa a tus venas,

memorizo el paso de tus ojos,

anhelo tu voz.

Tu cuerpo destruye mis trincheras.

Hace polvo mis flancos,

reduce a cero mi resistencia.

Ven, mi mente es nación para ser conquistada

por una mujer como tú.

Speguloj/Fumo/Amo

Te anhelo entre sombras

te anhelo con el espejo interno,

te busco todavía, errante

lo que deseo encontrar

se mantiene sumergido, casi intacto;

sólo emergió con el Sol

y un día se marchó

uniéndose a la noche

que se cobija en cama de hojas;

perpetuas como otra Luna, siempre vigilante

y no sólo admiré tu tenue figura

sino el tenaz pensamiento que siempre formas

de insaciables tonos y formas,

tu filoso sentido del humor

y esas horas trasnochadas de conversación.

Pero no podías encajar en mi camino,

y busqué otra Femme Fatal,

y sin éxito en la misión

torné mi vista noctámbula,

siendo una bestia sin dama

perdido entre nieblas y memorias de tacto,

incansables acordes en tu piel

palpitan corazón y amor,

entonces hay fricción mental

y una cruel realidad,

sé que estás escondiéndote,

te desconozco pero sé que vives,

que respiras y suspiras

en perpetuo hilo de codicia

por un trozo de calor,

excavas igual que yo

una parcela de amor

sin tomar el control, somos

errantes, náufragos planetas

en delirante traslación

que no tenemos comunicación,

me hiela la sangre

y me ahogo en mis palabras,

lejana, muy lejana te veo.

Sé que estás ahí esperándome

para tomarme de la mano

y sentirnos en una gran dicha,

reprimida alegría que no quiere brotar

hasta nuestras almas juntar

en delicado vaivén estelar,

tendré paciencia para explorarte,

flotar en tu órbita y reconocerte mía

sin siquiera tocarte. Sabrás con locura

irradiarme de tu entusiasmo,

pintar de tono azul mi camino

y arrastrarme de la inmundicia en la que estoy,

inspirarme y ser un mejor hombre;

entenderás los delicados lienzos de humo

que se empalman con el viento

y se desvanecen como pájaros en horizonte…

tú y yo, juntos,

aguantando toda esta intensidad,

todo este deseo comprimido.

Tú y yo.

Fragmentos de Amor

Cansado de no escribir en tu memoria
de esperar en la línea
y apreciar nada de lo que hay

de la multitud inconforme,
no espero nada
y menos de mi soledad

nada es extraño
todo imperfecto
revuelto, aislado
y sin ganas por tí
no hay sentido,
sólo esta maldita línea paralela que nos divide.

Nosotros somos líneas ígneas de amor,

que se tejen con levedad

somos almas queriéndose unir,

vientos que se encuentran y se revuelven,

imperfectos estados de ánimo

anhelando hallar el último

resquicio de soledad

para dejarlo de velar,

quieren salir bellas palabras

pero nos detiene la timidez

nos detiene un trémulo temor…

Inconformes de tanto dolor

buscamos la sanación

en el otro lado del espejo,

aprecias el sonámbulo reflejo

y retienes en memoria mi mirada

que no te puedo despegar,

haces falta y comienzo a rogar

por esa sonrisa bella, fugaz

que me diriges en celoso

cuidado, hermosa táctica

para mantenerme en suspenso

mientras escalo por tu espalda

y no puedo contaminar

con amor tu corazón,

rehuyes al amor,

no deseas amor,

no controlas el amor,

no te obsesionas

con la cadena trófica de amor,

¿por qué tanto recelo?

Incapaz de dañarte,

incapaz de defraudarme,

sólo extiende el brazo y volemos, volemos…

Busco una guía

que me encamine a la catedral onírica.

Un mapa que indique el punto exacto

de tu placer, por tu tacto

que me abduce en sueños lejanos,

una llave que abra tu corazón

y encapsularte a mi realidad,

pues es más necedad

perseguir sentimientos que a la razón.

Cumpliré con honor

tu compromiso de amor;

velaré tu sonrisa

grabándola en la cornisa

de mi imaginación trémula,

tendiéndote con dulzura.

Que tu cabello

sepa llevarme a tu cuello

cual imponente deseo

al simple resuello

y tus manos conmuevan

al más leve roce.

O de tí alejarme

para no divagar en tu presencia

no quemar tu esencia

con esta soledad

que cae fina levedad,

titilante pasión que no cede,

pues no entender qué sucede

si te acercas, si respiras,

si huyes, si no caminas

o simplemente te difuminas

en mi imaginación,

pues eres huésped frecuente

por las noches tibias,

sin alarmar, sin titubear

y te aventuras a perturbar

sueños amargos,

y elevas cual rey al dichoso

que acepte galante regalo…

Deziro

Tendrías que ser ilusión

tendrías que ser suspiro

porque no te encuentro.

Surges de la noche apacible,

tranquila, limpia.

Tus ojos de luna evocan

el mar muerto que habita en mí.

Tu cabello, espuma oscura,

aclara el pensamiento

doma mi sueño

inquieta el volcán,

apaga ansiedades,

ilumina caminos.

El amor duele,

se disfruta,

se pospone. Viene y va

como nubes al tiempo

recorriendo horizontes

y tu sonrisa.

Es espontaneidad

y te golpea de frente

desnucándote tu creencia,

despavilando un secreto.

Podríamos ser farsa

y volvernos en caminos distintos.

Pero no.

Yo no quiero eso,

deseo más,

tus labios, tus manos,

tu inteligencia eléctrica

y tu perfume.

Anhelo tu mirada

piedra suave de río puro,

voz cristalina.

El río caudaloso

baja al abismo interior,

se impregna en el fondo,

ruge tu amor

desemboca en la soledad

que no deja de ser eso,

soledad,

vil soledad.

Te quiero intranquilamente,

te filtras por el poro tibio

de mi mente taciturna.

Despiertas acortando mis cadenas

gélidas que me sostienen

aferrado al lúgubre rincón.

Voy a saciarte no sólo

de letras, palabras.

Abre el cajón oculto

y encontrarás…