Ensayos

¿Con qué autoridad?

Sí: ¿con qué cojones usted viene a mover mi poca y escuálida estabilidad? Sí, usted, no se haga la que no lee, ni ve, ni escucha: entiéndalo. Va y viene con esa locura, con la frescura que la caracteriza. Y va dejando despojos chiquitos de la poca discreción que me queda. Usted no ve el tormento, no sufre de fiebres ni sueños intranquilos. No se la pasa en la Luna ni en Júpiter ni en Saturno ni en Urano ni en Neptuno ni Kriptón, como yo, todo el día pensando en usted. Pensando en su pelo, en su mirada pícara. ¡Ay, maldita frivolidad! No quiere percatarse (o de plano soy un excelente actor) que la busco hasta sin querer, que desde la distancia yo atrapo su mirada felina. No se da cuenta que la vida nos puso en el trayecto, como la vida pone en su lugar a los corruptos en mansiones y al pobre tras las rejas. Véalo, por favor, mujer, usted que nada me ha dado: la voy queriendo con un fervor absurdo.

Somos tan diferentes que no hay lógica ni ciencia que explique la razón por la que me siento atraído por usted. Al momento de estar solos me arden las manos y estoy a punto de soltarle todo…pero la prudencia es mayor. Oh, prudencia, vaya calamidad. ¡Si mis manos lograsen alcanzar las suyas!

De acuerdo, esta forma de hablarte (y/o escribirte) es también absurda. Permíteme hablarte de una manera más salvaje, que pueda yo expresar más sobre tí. Caí de bruces, por casualidad, en un momento raquítico de mi vida, a la tuya. Sé que en el fondo hay algo contigo porque lo percibo, y al sentirlo lo ahogas, como a una cría salvaje que no debe salir a la luz.

Hay que darnos ese lujo, una oportunidad. Me dan ganas de temblar con el simple hecho de ser tuyo. Aún en las cercanías de un rompimiento quiero atreverme a conquistarte, a quererte. Ególatramente manipulo el tiempo y te doy respuestas sinceras, para que veas lo superior que soy a otros. Evito temas inadecuados que puedan desviar mis macabras intenciones contigo, tal vez es una forma cruel de ponerme a prueba y es cuando vuelvo a temblar, carajo, no estoy hecho para esto.

Lejos de tí soy como una puta pila de celular, demandante de su fuente de poder: tus ojos, tu sonrisa, y la espontaneidad con la que me platicas sobre cosas insignificantes. Tus mensajes, tu voz y esos garabatos en mis hojas me recordarán que en algún momento, hubo alguien especial. Sabré que tuve a alguien para querer…

Pero, ¿puedo convencerte yo de quererme? ¿De ser alguien importante en tu vida?

Dime, si yo puedo. ¿Con qué autoridad?

Lejana

La tarde luce tan fresca y tranquila… me sigue recordando la dulzura de tu voz, la delicia de tu piel. El cenit se aferra aún al verano, yace en su ocaso y yo aún sigo aquí, pensando que hoy no te vi feliz, que ya van tres días sin hablarte y así seguirá la mortal cuenta del tiempo. Voy a extrañarte enormidades, ¿qué voy a hacer mientras?  Me gustaba la forma en la que me hablabas, tu andar, tu mirada.

 

Fue mágica y cruel la realidad con la que soñé ayer contigo, soñé que mis dedos rozaban tus labios y de ellos extraía una tierna verdad, que te amo y que aún te aferras de este lado de la vida. Luchas por los dos. De tu corazón vasto y profundo hay una dulce retahíla que exclama fulminante “no te vayas”.  Será muy prolongado el tiempo en el que estés lejos, tal vez el resto de mi vida.

 

Tú empezaste todo, nos conocimos de una manera inverosímil, hiciste una pregunta o un comentario sordo, sin relevancia. Pronto me enganché a tu eléctrica compañía. Y así fue como mi inspiración, pacientemente, cabalgó hasta mí de nueva cuenta. Tal vez esa fuente de vida en letras se posó en tus ojos, admiró tu belleza o se incubó en tus labios; mutó en tu pelo y reclama su origen, llamándome.

 

De tu corazón dormido, me adhiero al deseo de ver tus ojos abrirse de nuevo. La única señal de resistencia que aún demuestras es el débil pulso que se mantiene firme, realizando una débil sinapsis a este lado del camino. Me das una razón infalible para seguirte queriendo conforme te vas alejando, para no perder mi fe en tí. Tu alma repta a mí todas las noches y rezamos para que no sigas esa luz.

 

Sé que puedo esperarte esta noche, el día de mañana y pasado mañana. El mes que entra, años, el tiempo que sea necesario. No te vayas, al menos donde no pueda admirate y tomarte de la mano. Si decides marcharte no podré seguirte a ese plano, no podría cruzar ese abismo.

 

Sentado junto a ti, en esta cama de hospital, con el ruido del monitor como fondo, te encuentrodormida, fría, casi muerta, lejana.

 

¿Imperiosa Necesidad?

Fechas fatídicas como el 14 de febrero me hacen pensar, casi involuntariamente. Pensar que la disposición está ahí, intacta, pero la presa no cae en la trampa, es desesperante.

La posibilidad de rebajar mis expectativas con una mujer es una idea que no deseo llevar a cabo. Simplemente porque veo parejas que no embonan, son más defectos que virtudes entre sí e insisten en estar juntos. Yo sé que es rarísimo que una pareja se conozca y quede para toda la vida sin chistar: el error es la base del éxito. Sin embargo, insisto, mi esquema de mujer es el siguiente: sencilla, inteligente,  de mente abierta. Y si es hermosa es un plus maravilloso.

El problema es: no encuentro dicha mujer así.

No deseo una mujer berrinchuda. Tampoco una que me esté celando a cada instante. Mucho menos una que restrinja mi vida hacia sólo ella. Deseo a una mujer ardiendo en sus convicciones. Que disfrute lo que hace, y que quiera compartir eso conmigo.

Cuando la encuentre, sabré que es ella y haré lo posible por tenerla junto a mí.

Incolora

Ámame lentamente, sin que te resbales. Mírame fijamente, procura no quemarme. Toma mis manos sin pedir permiso. Desliza tu pensamiento por el borde de lo irracional, enloquece un poco. Suelta tu pelo y hazme fuerte. Suelta una granada de amor y que me explote enfrente, que reviente mi cuerpo que estaría incompleto sin el tuyo. Muerde tus labios despacio y caeré sin ofrecer resistencia. Relaja tus manos dudosas y proyéctalas a mis brazos. Suelta una lágrima inútil para que yo la seque con cariño, jamás volverás a llorar por alguien, al menos por mí, jamás. Dime que buscas en alguien y te aseguro cumplo con casi todos los requisitos. Rasca la inseguridad de no saber si lo que tienes ahora es en serio: y contémplame como tu fiel seguidor. Te soy adicto, pero con eso no lleno el fondo de soledad, ése de años y años.

Serías (o eres, no lo sé) mi insomnio con nombre y apellido. Mis incontables horas de desvelo, el fruto de mis poemas y a la inversa, el código encriptado al mar impasible, viento náufrago que ocupa mis caminatas solitarias, el paso redoblado a la decisión por amarte, tu di que sí y lo demás sale por arte de magia. No tengo dueña de mis letras, siguen huérfanas y por eso se sueltan y se ordenan en palabras dolorosas, tristes, medio amargas, buscando un orden para que lo leas y pienses “esto fue escrito para mí”, pero sé que eso no lo haces, mientras yo esperaré oculto, esperaré el segundo adecuado para avecinarme y declararte la verdad, oh dulce suicidio estúpido y visceral, arma de dos filos, asquerosa arma que a muchos los mata o los deja tendidos durante semanas, meses o inclusive años, sólo los cobardes no salen de ahí, pero a todos nos da miedo el mismo abismo que significa el rechazo, el buscar que el tiempo cometa el crimen que jamás va a ceder, y así me pasan los años, ya van malditos años y sigo sin encontrar esa luz, esa persona que sea tan valiosa como para capturar la oportunidad y arriesgarme que el trueno se me venga encima, y así pasa, y sigue pasando, y espero, espero….

Amor Ridículo, no te Vayas.

Me detesto por dejarte ir. Ilegalmente, en mi cabeza deseo tenerte a mi lado, voltear a verte sin la presión de ser atrapado en el intento. Como buen perdedor nuestras conversaciones no son tan buenas como quisiera. Tengo miedo de mirarte a los ojos más de 10 segundos y ya no encontrar la salida de emergencia. Soy tan novato en esto del amor que entre broma y broma la verdad se asoma. Y se asoma hasta que la urgencia o el desengaño, yo qué sé, se hace tan evidente como la inquietud de tus pies cuando estás aburrida o mis intentos por llamar tu atención.

Nos conocemos bien pero no lo suficiente. Últimamente creo mucho en que no basta esta vida que nos prestan para conocer a alguien; es más, muchas veces ni nos enteramos que no nos conocemos a nosotros mismos. Paradoja doble, quiero tocar tus manos y pienso (o quiero creer) que tu también y a lo mejor tanta indecisión colisiona y no llega absolutamente a nada.

Sé que te ha tocado tanto patán que cuando yo llego con tanta decencia, tanto cuidado de no rayar el prisma del respeto, para que refleje una luz que cubra mis defectos, tú no te la crees. O no quieres creértela. Somos, nosotros los humanos, criaturas cobardes, sin el más mínimo sentido de pensar “podríamos vivir bien, mira que es una persona agradable, linda”. Ja, me siento bien pinche cursi en este momento por escribir lo que estoy escribiendo, me saco de onda y me comporto de forma un tanto irresponsable, fuera de mí, porque ya no sé cómo hacerle para acelerar el tiempo y pedirte lo imposible, pero sé que lo necesitas tanto como yo.

Y no hablo sólo de sexo o lo que se le relacione; talvez es una necesidad un tanto imperiosa pero esto va más allá: buscamos gemas idénticas, nubes igual de blancas, una sonrisa espontánea, un muro de confianza, horas de conversación, mensajes tontos pero significativos…

Sabes que quisiera que te quiera porque quieres que algo más pase, queriendo que todo se vaya por un reverendo carajo, quieres un querer que te sepa querer, quieres que todo sea complicado y con motitas de humo encima de nuestras cabezas, creo yo podría soportar todo eso y hasta más, podrías querer probar mi astucia y tentar el límite de mi paciencia, a ver si con eso te puedo querer más de lo que todos querrían quererte.

Y mientras todo eso pasa, día a día me voy muriendo en esta nefasta indecisión.

Muerte lenta

Por esos ojos

te levantas, te animas.

Quiero retenerlos y admirarlos,

oh bellas gemas casi extintas,

seducen, tienen el poder,

te escribo mil canciones

y todo se esfuma,

muere en mi mente

en palabras retenidas

en un viento pesado

que va dando tumbos.

El gusto de sufrir

ennoblece corazones,

te lleva de la mano

al amor,

el amor

enaltece valores,

altera realidades

fracasa y te levanta,

buscas sus manos

y tu valor recorre frío eléctrico,

irreal figura

como aquella,

rechaza el fracaso,

metes al frasco

el plan de conquista

a dominar su sonrisa

y te clavas al mar turbulento,

en su voz profunda,

bondad del cielo,

piel de terciopelo

con exquisita personalidad,

futura fatalidad…

la mía.

Perdón.

Perdón por ser tan imperfecto.

Perdón porque soy demasiado libertino, según bajo tu visión,

perdón por mentirte tanto,

pero me cubro del miedo inquisidor,

no es mi intención ser tan imperfecto.

Perdón si te decepciono todos los días

por no ser brillante, ni un gran atleta

o un fantástico compositor,

soy quien soy y me va y viene,

intento ser ordenado y sencillo,

hago lo que puedo y no me enorgullecen mi

vocabulario altisonante o mi impasibilidad,

tengo vocación y lo voy a disfrutar,

tengo amigos que me apoyan y los voy a admirar,

tengo una voz potente y con ella voy a cantar

las injusticias, los engaños, el amor, la desdicha

y todo lo demás.

Tengo un corazón desequilibrado

que le falta carburar por alguien,

tengo miles de ideas sin escribir,

miles de confesiones por dar,

miles de borracheras reprimidas,

abrazos no otorgados, felicitaciones insulsas

y un montón de ideas enmarañadas en una enmarañada nube gris.

Tengo un camino por recorrer

un cachito de sonrisa que ofrecer,

un lienzo donde te dibujaré promesas a intentar,

tengo tus manos suspendidas al cieloraso,

y este poema desdoblado al aire,

una tecla muda que no brilla al tocarse,

una voz que se desaparece indebidamente,

un consuelo tonto y obvio sin ofrecerse,

un te quiero muy enterrado

y ésta, mi voluntad que no sesa de ser intermitente.

Quiero una antena para captar

tus palabras punzantes

y rebotarlas al cielo, y que se pierdan,

se pierdan,

indefinidamente.

Quiero que te sientas a leerme

a ver si así aprecias más

lo que puedo lograr.

Con antelación escribo y voy pensando

que esto no tiene valor alguno,

mas que reflejar mi sentir, o justificar

mi absurdo y estúpido sufrir.

-Sin Nombre-

¿Qué es la vida? Es memoria envasada. Es un camino tortuoso, indefinido, volátil, templado y frío. Un poema perdido, tus labios extraviados, unos ojos que extienden brillo, una mano que pide otra mano. Es experiencia vivida y por vivir. Es un futuro incierto, tu cabello resplandeciendo con el sol de verano. Es un recuerdo casi desvanecido, que va y viene. Es el aire inquieto y que te despierta en la madrugada, al entrar en tu habitación. Es el sabor de la victoria (dulce), del desamparo (amargo), de la muerte (ácido), Es el fruto de tu esfuerzo, las ganas que tienes de vivirla.

¿Qué sería de mi soledad –contigo, obviamente-¿ Dejaría de ser eso, soledad. Podría ser, talvez, el próximo cúmulo de reminiscencias que se atrapan al momento de morir. Porque esos son los que valen la pena visualizar siempre, hasta el final de los días. Aquellos momentos, que en lo particular atrapo y encapsulo en mi propia realidad. A nadie le interesa (no conozco a nadie así) que capture mentalmente los instantes insignificativos -mas no importantes- de mi vida. Por eso al recorrer viejos caminos, puentes, calles y edificios por donde alguna vez anduvieron mis pasos, recuerdo rostros, viejas historias, sonrisas…

Pero ahora tú, los demás, tú y nosotros tenemos un futuro que escribir, o más bien que vivir para poderlo escribir. Me aterra la idea que se desvanezca la posibilidad como polvo en el viento, cual arena fina en un tamiz. No me gusta que te separes de mí, me angustia tu ausencia hueca que intento rellenar gritando tu nombre. Pero no funciona, por más fuerte que mi voz proclame las letras que juntas forman un nombre que me cautivó desde que te conocí.

La vida resulta a veces más difícil de lo que nosotros quisiéramos. Algunos se consumen en el intento de solucionar el manojo de los problemas que cargan como una loza pesada en los hombros. Otros viven con ellos a cuestas, cual sombra pegada al Sol; ciertas personas no superan las malas vivencias y se queman internamente, pudriéndose y olvidando vivir y dejar vivir. Hay quienes intensa en incansablemente peleamos por encontrar u camino recto si piedras, tranquilo y apacible. He escuchado que para eso hay que esforzarse eternamente, hasta que nos transformemos en un cúmulo de luz y nos unamos al otro lado de la vida: la muerte.

Pienso que llegamos a este lugar con sólo una razón: vivir. En lo particular, el vivir debe ser el conjunto de experiencias buenas y malas, siendo las primeras las que (deberían) resaltar más, que brillen en la memoria hasta el final, sin que las segundas no dejen de importar: porque las malas pasadas implican sufrimiento, oscuridad, temor. Experiencias buenas: éxito, logros, una sonrisa, la risa misma, caminar en el pasto con los pies descalzos, un atardecer en el campo, admirar a los animales, la música (una cuerda haciendo contacto con el mástil, una tecla soltando una nota al aire, un bombo y su pedal, una voz interminable, un arco raspando las cuerdas de un violín, el viento poseyendo a una flauta, una trompeta), tus manos nerviosas clamando tranquilidad piadosa a las mías, tus ojos sin fin, con el sentido que da al sentido a ése mi sentir, el milagro de respirar tras hundirse en el mar, el Sol entrando en mi alma, bajo un árbol frondoso, una pintura de Rembrandt ó Miró ó Kahlo ó Varo ó Magritte ó Carrington, el admirar a mis peces nadando entre las roscas de mi acuario, la mirada de felicidad de mi perro al llegar a casa, el viento meciendo la copa de un árbol (para desgracia de los pájaros que viven ahí), un chiste simple pero rotundo de mis amigos, una lectura emocionante y ávida, sentir la multitud coreando contigo una canción en un concierto, gritar un gol deseado y oprimido (esperando salir con alegría), correr por las mañanas frías bañadas en tornasol, escuchar el ritmo cardiaco de un perro o gato en el estetoscopio…

Experiencias malas: miedo, ansiedad, tristeza, enojo, impotencia, o mejor dicho, sentir que tus propios esfuerzos no valen nada, un puente quebrado, cimientos que no se han terminado con palabras o conversaciones, tus lágrimas buscando ser apagadas con un consejo, sentirte solo o desconocido entre la gente (que se supone) conocida –aunque nos reconocemos con aquellas personas que supuestamente son ajenas-, la pobreza de mi pueblo sumido en su propia ignorancia, incapacidad y límites, con el contraste ofensivo de la riqueza y felicidad de otros, el no poderse expresar libremente, sin el temor a ser reprimidos con violencia ciega, vivir con la incertidumbre de no saber si encontrarás a alguien con quien compartir el camino a recorrer o si lo tendrás que caminar solo (y peor, haber encontrado a esa persona y que se te escape terriblemente entre los dedos), sentirte incómodo en tu propia casa, enfrentar mentes cerradas, machistas y retrógradas, ver a una mujer hermosa triste y sola, apartada de la fraternidad de algún grupo de amigos, el sufrir de un perro o gato abandonado a su suerte…

Ahora soy consciente de que los problemas se miden en escalas variadas: pequeños, grandes, preocupantes, absurdos. Nótese cómo se pueden combinar entre sí, por ejemplo, los míos son absurdos, pequeños y preocupantes en cierto modo, ya que éstos no siempre los genero yo. He aprendido que con el paso del tiempo, por mis ojos transcurren hechos que innegablemente no puedo dejar pasar por alto; ignorarlos es un acto suicida, y creo muchos (as) nos permitimos que la daga se pose lentamente en nuestros cuellos…es cuando reaccionar es el momento cumbre, desatarnos de las cuerdas que oprimen el pecho, sacar el coraje y el valor suficientes para librarnos de nuestros miedos, temores y ansiedades. Darnos cuenta que el destino sólo coloca piezas a favor y en contra, que el rompecabezas se resuelve eligiendo las decisiones correctas y que más nos convengan al momento. No hay excusas, ni deberes que no hemos de cumplir para ser felices, con la condición de vivir y dejar vivir, sin involucrar daños a terceros en el camino a dicha felicidad.

Quiero vivir. Respirar. Amar. Luchar (por mis ideales, por un bien, por el simple hecho de la razón). Experimentar. Caminar/correr en el momento adecuado. Disfrutar, cantar. Estudiar. Trabajar. Ser alguien pleno, que al morir, me sienta bien por lo que fui. Deseo morir como el mortal que soy, pero lleno de sabiduría.

Una inteligencia sin límites es el mayor tesoro de los hombres.

Rowena Revenclaw.

Manual para ser Menos Transparente

Te alejas y siento en un perfil bajo, pegándole a lo mediocre. Tus ojos, como dardos, se clavan en mi persona y siento cómo desgarran esa capa liviana que es mi coraza contra cualquier sensación de…

Siempre he sido muy transparente en momentos en los que no debería de serlo: revelo una franca, abierta y real ventana a lo que siento, cosa que puede ser contraproducente en situaciones que involucran el peligro inminente de ser predecible, de ser avistado como alguien frágil, sensible. Yo soy de ésos, que nos clavamos estacas sin mucho sentido, y cada vez sale más estupidez, se derraman oportunidades e ideas.

He intentado de manejar esto de forma sistemática, algo cruel y leve. Ah, levedad, me aquejas pero eres válvula de escape, porque no permites que cosas que podrían importar pierdan peso, y caigan en la red de lo banal, se difundan como agua por el capilar del sentir: permites que no me acerque a ella, mujer cuyas facciones me cautivan, aturden, conmueven, ciegan los rumores que corren en ti: oh, dulce base del amor, impides avisar caminos erróneos, al fruto dulce y venenoso que te mantiene vivo, látigo quemante que te mantiene de pie, y te obliga a la adicción dependiente de la otra persona, y se convierte en deidad, en base importante de tu vida, a la cual esperas minutos que cesan su regularidad en tiempo y lo relentizan, y la espera se hace agobiante, con la necesidad de estar a su lado, tan sólo mirarla basta al principio pero después es insuficiente, el manantial de tu perfecta aura se agota y buscas más profundamente en ella, te pierdes y ella se une a ti, y la magia en muchos casos nunca cesa.

Querer llegar a conquistar esa profundidad es una lucha incesante, donde el que caza (hombre/mujer) al otro puede perder la esperanza, pues todos venimos al mundo con una parte igual a la nuestra, igual pero que se comporta diferente: el objetivo en corto es encontrar esa otra fracción de ti, convencerla, quererla, cuidarla, protegerla y serle fiel. De nada sirve el engaño, el hurto a lo propio, pues la otra parte no es papel o piedra: es una persona, es una entidad compleja, que se debe respetar. Y digo perder esperanzas puesto que esa alquimia con el otro es polivalente, ininteligible y poco abstracta: las dificultades para el cazador están siempre presentes, desde su compatibilidad hasta el tolerar las imperfecciones del ser amado.

Anhelo esto no con fervor, pero sí con cierta  ligera expectativa: esa mitad perfecta, compatible y hermosa sólo llega una vez. Se podrá fracasar una, dos, treinta, mil veces, pero sólo una ha de ser la/el única (o) que se quedará al final. Cual misión casi imposible, tarda más en florecer, en crecer y lo mejor, nunca muere, nunca ha de morir.

Contigo puede haber un pulso, un escalofrío incesante, una mirada indescriptible, hermosa: eres neblina, mas no frío; eres oscuridad, mas no temor; eres viento que sopla del norte, mas no un mal pasaje. Puede que todo esto sea un reflejo de lo que veo en la superficie. No me atrevo a explorar más dentro, porque alguno de los dos hemos de salir heridos, porque eres un completo misterio para mí, y eso te hace tan brillante, intrigas mis pensamientos y los robas y te los llevas a un camino que no puedo alcanzar. Dame un mapa y yo sabré llegar a tu puerto, tiende la mano y bailaríamos en el césped fresco.

Ocultaré todo esto. No quiero que sepas más. Has detectado que yo me siento atraído por ti, pero lo manejas con la frialdad necesaria para acabar cualquier idea, sensación o sentimiento. Te lo agradezco: eres de un carácter fuerte, pero yo sé que no, corres libre pero en un límite de espacio. No te culpo, deseas una vida tranquila, tal vez ya encontraste a tu equivalente y estás bien, y yo…no. Tal vez eres un estandarte que indica que en un futuro, en estas tierras ásperas encontraré mi manantial. Amaré a la superficie de otras, hasta que sepa a través de mi pulso, de mis sueños que la adecuada está ahí, y estamos buscándonos tambaleantes y tanteando el futuro, en algún rincón donde no habrá salida: sólo seguridad y una muy posible felicidad.

Juramento a una amada

Busco una guía

que me encamine a la catedral onírica.

Un mapa que indique el punto exacto

de tu placer, por tu tacto

que me abduce en sueños lejanos,

una llave que abra tu corazón

y encapsularte a mi realidad,

pues es más necedad

perseguir sentimientos que a la razón.

Cumpliré con honor

tu compromiso de amor;

velaré tu sonrisa

grabándola en la cornisa

de mi imaginación trémula,

tendiéndote con dulzura.

Que tu cabello

sepa llevarme a tu cuello

cual imponente deseo

al simple resuello

y tus manos conmuevan

al más leve roce.

O de tí alejarme

para no divagar en tu presencia

no quemar tu esencia

con esta soledad

que cae fina levedad,

titilante pasión que no cede,

pues no entender qué sucede

si te acercas, si respiras,

si huyes, si no caminas

o simplemente te difuminas

en mi imaginación,

pues eres huésped frecuente

por las noches tibias,

sin alarmar, sin titubear

y te aventuras a perturbar

sueños amargos,

y elevas cual rey al dichoso

que acepte galante regalo…