Carta al otro Lado de la Ciudad

Te metiste tanto en mi cabeza que quizá explote. Pienso en ti todos los días, en una gran porción de las horas en las que estoy despierto. También estás en los sueños. Para mi mala fortuna, no son sueños lúcidos. De ser así, mis noches serían fantásticas, pues haría contigo lo que ya no es posible en la realidad.

La ciudad es una extensión vasta y misteriosa, una laguna de recuerdos, un mar de pasos, extensión de largas caminatas mientras charlábamos. Edificios, muros y locales se desenvuelven en torbellino de memorias: son grabados que se quedan eternamente, no sé si me explico, pues los caminos que una vez fueron míos fueron nuestros. Irremediablemente me traen tu recuerdo, y todavía duele.

El viento me da de lleno mientras pedaleo la bicicleta y rememoro que también hiciste tuya esta actividad tan mía, andar en bici. Creo que a partir de ahí volaste lejos en mi interior, comenzaste a sincronizarte conmigo de una manera sutil y deliciosa, devorabas mis letras y mis palabras y me devuelves halagos mezclados con emociones, emociones que yo quiero que sientas, que disfrutes. Escribo para ti y por mí, por el placer de hacerlo y expresar lo que pienso y siento, siempre el camino fue de esa forma.

No quería llegar a pretensiones vastas e intensas contigo de golpe, disfruté el hecho de conquistarte, aunque perecí en el intento. Tampoco puedo obligarte a que me quieras. Mi genética me dicta a nunca rendirme (Nunca Doblegado, Nunca Roto) y a darlo todo siempre, a veces sin medir las consecuencias. Soy intenso y estoy lleno de cicatrices orgullosas, es un sello propio, una característica única, mi marca registrada. Aunque me deje la piel, los sentimientos y todo lo demás en la banqueta, no importa. Has de saber que quizá nunca te encuentres a alguien como yo. Jamás nadie te querrá como lo hice, por más que suene esto a guión barato de cheap flick. Lo mío fue elegante, verdadero, me hizo volar e inspiraste un poema, cosa que no hacía desde hacía mucho tiempo. Fuiste un motor increíble, una razón para despertarme todos los días y desearte una linda mañana.

Me sacabas de onda pues no respondías como yo hubiera querido. No importa, cariño; no puedes darme lo que anhelo. Yo lo di todo. Nunca me ando con tibiezas. Hago las cosas bien o mejor ni las realizo. Así en todos los aspectos de mi vida, baby.

Te quiero tanto que no puedo rechazar tu amistad. Es lo que me ofreces. Pero hoy, después de tres días, sigo sintiendo un vacío que intento llenarlo con música, con libros, con películas y deportes. Aún así el hueco es grande. Por más que excave y vierta no voy a llenarlo. ¿Cuánto tiempo voy a sentirme así? ¿Cómo te sientes tú? Quisiera que vinieras a abrazarme, a decirme que voy a estar bien. En el fondo no soy tan duro como quisiera. Pensé que teníamos algo más por explorar. Es triste, tristísimo que nadie contemple lo que veo en tu persona. Peor que tú no lo veas, pues si te dieras una vuelta por tu ser, exigirías a un hombre a tu altura, alguien que te quiera total y completamente por lo que fuiste, eres y serás. It’s a pity, honey, fuckin’ pity. De verdad, quiero que alguien te desee y admire como lo hice yo, aunque sea una pizca. Lo mereces.

Dejaré que el tiempo diluya todo esto, porque me intoxica, y si no encuentro el rumbo de nuevo, voy a ahogarme. Desconozco si pueda verte como algo menos, no ahorita. Necesito despegarme, ir cortando una por una las fibras que me unen a tu increíble ser. Te tengo en alta estima. Voy a retirarme un rato, quizá largo, de tu presencia…porque me dueles.

Que estés bien. Que encuentres un rumbo seguro. Que te protejan y se preocupe alguien por tu persona. Porque es verdad, aunque tu no lo veas: lo necesitas.

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2 comments

  1. Nunca me había dado una vuelta por aquí. Me leí unos cuantos, los suficientes para reafirmarte que si, efectivamente te has enamorado. Escribes muy bonito, tanto que con algunos me has hecho llorar. Nunca dejes de escribir, yo también lo hacia, pero por alguna extraña razón deje de hacerlo e inclusive borre todo rastro de ello.

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