Mes: enero 2015

Desperté en la tibia arena. Tumbado y torcido, en medio de la nada. El amanecer declaraba parsimoniosamente una inocencia sarcástica y brutal, como si en la noche anterior la tormenta no hubiera existido.

Naufragué violentamente. Y ésta es mi historia.

La conocí una noche, en una fiesta de un amigo. Tenía poco que había terminado una relación lastimosamente larga, y en mis planes no contemplaba a alguien más.

La idea era tomar hasta quedarme dormido. El ambiente era bueno y de confianza. Saludé a muchas personas aquella noche, mientras mi vaso se llenaba y vaciaba con singular alegría. Todo iba en orden y nada, NADA se salía de control. Hasta que ella llegó.

Su presencia eléctrica interfirió profundamente mi temprana borrachera. Pregunté quien era. Mi insistencia por conocerla se reflejó en una breve presentación por parte de un conocido entre los dos.

Ella se alejó y yo, absorto y congelado, me resigné a volver con mis amigos. No pude dejar de pensar en ella. El alcohol infló mi valor y la busqué entre la multitud. Bailamos un poco, hasta que le pedí buscar un lugar más tranquilo para platicar.

Resultó ser una mujer con una personalidad magnética para mi. Escritora de tiempo completo, trabajaba actualmente en una novela poco convencional, cuyo objetivo era traspasar las convenciones y arquetipos tradicionales de la escritura. Tal vez ella pensaba que sonreía y afirmaba todo lo que ella me decía por su hermoso rostro. Y tenía un poco de razón. Inclusive podría pensar «el sólo dice si a todo, me escucha pero no opina». En realidad entendía todo pues yo, persona muy asidua a la lectura, no aparentaba ser alguien muy interesante. Me parecía increíble su voz, firme y sin titubeos a pesar del vaivén de su vaso con vodka. Sus ojos parecían reflejar la luz que la rodeaba, y sus labios me engancharon inmediatamente.

Días después la contacté para vernos en un café. Después de tocar temas triviales comenzó a platicarme de su novela, la cual se encontraba atascada. Ya en mis cinco sentidos, le propuse leer un poco de su borrador. Ella accedió, para mi sorpresa.