Mes: octubre 2014

Hace unos minutos leí una palabra que describía, bajo la perspectiva de un profesionista trabajando en el extranjero, nuestra sociedad: “suciedad”. No pude dejar de pensar en lo que quiso decir esta persona, con un simple cambio de letra: si quiso ofender, despreciar, catalogar negativamente al pueblo al que desgraciada o fortuitamente lo vio nacer y crecer.

Esto lo relacioné a mi reflexión matutina, mientras iba de camino a la escuela, apretujado en medio de un montón de personas que se empujan, insultan y soportan (como pueden) el ajetreo diario del transporte público. A pesar de la música de mis audífonos escuché a un señor decirle a otra persona “y esto es todos los días”, a lo que su receptor le responde “si, ya como mexicanos nos acostumbramos”. Y después vino la frase fuerte: “Y eso que está ahorita tranquilo”.

Sí, yo también sabía que los empujones podían estar peor. Pero no sólo sabía eso. Extrapolé esa leve captura de conversación ajena a algo más profundo. Y el resultado de esa pequeña reflexión da miedo: estamos acostumbrándonos a que todo puede salir peor. A que nos llueve sobre mojado, casi siempre. Bueno, casi siempre no. SIEMPRE.

Luego invariablemente mi reflexión se hizo más larga. El país está hecho un desmadre. Desaparecidos, muertos, cadáveres en fosas, un sistema educativo (el IPN) a punto de perder lo más valioso que tiene, narcoguerras, inseguridad de todo tipo, desempleo, pobreza y encima de todo esto, inundaciones y unas lluvias que dieron el after party bien cabrón, modificando los ciclos agrícolas y dejando en la quiebra a miles de personas en zonas rurales.

Uno prende el televisor y ve un anuncio de la revista Central: una de las hijas de la primera dama en la portada. Una pinche burla. ¿A quien chingados le interesa eso? ¿Alguien compra ese tipo de contenidos superfluos? Mientras los 49 normalistas siguen sin dar pistas de su paradero, esta chica estudia en no se dónde para ser actriz. Así de bipolar es nuestro país.

Con respecto a las movilizaciones (de ayer, hoy y siempre), ¿Con las marchas solucionamos las cosas? ¿Qué es salir a las calles y manifestarse? ¿Pedir justicia? ¿Cerrar avenidas? ¿Quemar y destruir inmuebles e instalaciones del gobierno? ¿Ver quien jode más, si el gobierno o los que bloquean calles y obstruyen el paso y la vida de los demás? ¿Hacer paros, es un acto de exigir justicia, o detener inútilmente las actividades académicas? ¿Qué estamos haciendo mal? ¿Qué se necesita hacer?

He tenido la oportunidad de salir del DF y ver otro tipo de panoramas, de perspectivas. Pero la mayoría remite a lo mismo: inconformidad, desolación, sentido de abandono. El gobierno nos chinga, sí. A los políticos ¿les importan los paros o manifestaciones? ¡No! Mientras tengan el poder, seguirán siendo corruptos, cerrándose en sus círculos, siendo lo que han sido: un cáncer. Un mal. Una esfera de poder siempre creciente, cínica, inbatible, mentirosa y siempre maligna, celosa de dejar su puesto privilegiado.

¿A quien creer? En dinero y poder, todos y todo es lo mismo, es la misma gata revolcada y de diferentes colores, mas no de matices.

Mientras, seguiremos trabajando. Haciendo lo que nos toca, y bien, hacemos la diferencia. Tengamos criterio, con un ojo en el futbol o en el desmadre de la hija de la primera dama, y con el otro en los periódicos, en los noticieros de su preferencia. Analicen. Reflexionen. Luchemos por hacer todo bien. No al chingadazo. Rechazando el “así estuvo, no hay pedo, lo pago”. Seamos mejores personas. No jodamos al prójimo en beneficio propio. Ahí está el mal mas grande.

Quedan más preguntas que respuestas. Y repito: ¿Qué se necesita hacer, para tener un mejor país?

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