Mes: julio 2014

La Dama de las Estrellas

Sentada en el cosmos infinito, su cabello de tres colores resplandecía en medio de la noche envolvente del Universo. Su collar acuamarino y sus anillos livianos que reposaban en su fino cuerpo respondían su origen: una historia lejana, casi olvidada, oxidada por el pasar imbatible del tiempo y de lágrimas finas recorridas en la arena interestelar. Sus manos de cerámica sentían un horrible y oscuro vacío. Por ello decidió irse de su planeta y buscar mejor suerte.

Navegando lentamente en el mar de estrellas, aprovechó el ir y venir de un cometa. La Dama de las Estrellas se aferró a él, alejándose cada vez más rápido.

-¿Hacia donde vas, joven y eterna Dama de las Estrellas? – Le preguntó el cometa.
-A un lugar donde me sienta menos sola-respondió serenamente la Dama.

La realidad es que la Dama de las Estrellas estaba harta de su entorno. Se sentía abandonada, en ese planeta tan vacío, tan en la nada. Nada, era el todo, y el todo era la nada, y su única diversión era dejarse llevar por la corriente de las rocas y vientos de los anillos de Saturno. Fastidiada de las temperaturas extremas de su planeta, quiso ver que más había.

La Dama es una mujer sin edad, sin recuerdos variables, ni recuerdos muy dulces o muy amargos. Posee sabiduría, paciencia y tolerancia. Comprende mucho y comprende casi nada, pues su vida ha sido un aislamiento cósmico.

Varios planetas alrededor de Saturno mostraban colores, texturas y sensaciones ambiguas, más no le proporcionaba algo que no conociera.

Entonces llegó a la Tierra. Al acercarse al planeta, se dejó caer vencida por una sensación de éxtasis, algo que la Dama nunca había percibido. Planeó por los Cielos del planeta, buscando dónde aterrizar.

Lo hizo en un lugar verde, caluroso, aunque no era comparable al clima de Saturno. Se maravilló de las formas diversas, los colores y los tonos. Pero algo le sorprendió más: los sonidos.

Una melodía compuesta por el aire, las rocas, el agua de los ríos, el susurro tenue de las aves, el murmullo tímido del viento contra los árboles: la música natural. Ella no sabía con exactitud que estaba viendo, oliendo o sintiendo. Sólo sabía que era algo extraordinario, extraño, hermoso.

Caminó distancias y días incontables, aprendiendo de su alrededor. Pronto llegó con un nativo del planeta. De él aprendió fácilmente su idioma y sus costumbres. Entonces volvió a marcharse. Y así fue de pueblo en pueblo, de gente en gente, pasando por ciudades, países, de forma insaciable, apreciando lo mejor de todo, conociendo muchos idiomas para poder entender mejor a los nativos.

Todo era divertido, hasta que unos sujetos quisieron preguntarle de dónde venía.

-De Saturno.
Los hombres comenzaron a reír a carcajadas.
-Niña, creo que ves mucha televisión. ¡Vaya imaginación que tienes, eh!. -Replicó uno de los hombres, burlón.
-¿Y qué es una televisión?
-Vaya niña, ¡ja! Muy bien. ¡Juguemos tu juego! Es una cosa rectangular, delgada, donde la gente ve programas, películas y noticias, toooooodos los días.
-¿Y les enseñan ahí a soñar? ¿A ver el Cielo, y su Infinito? ¿A cantar con las aves?

Los hombres se fueron, riendo, tomando a la chica como pirada.

La Dama entonces, incrédula, buscó una televisión. Incrédula, veía cómo la gente se enganchaba a dicho aparatejo humano…

Y al escudriñar más a los nativos, veía cómo no sólo la televisión amaestraba a los humanos: aparatos pequeños que portaban todo el tiempo, caminaban con ellos por sus calles y los presumían en sus transportes, enajenados, absortos, perdidos.

A la Dama este comportamiento le llamaba su atención. No divisaba desde cuándo muchos de los humanos habían perdido el gusto por ver su Planeta, por disfrutarlo, protegerlo, amarlo.

Fue así que se aterró al ver cómo los mismos nativos destruían su hogar, para sustituir las hojas verdes y la tierra por inexpresivas tuercas y terribles hogueras.

Entonces la Dama subió una alta montaña, se despidió de los árboles, de los animales e insectos, silbó muy fuerte, y el mismo Cometa que la trajo a la Tierra vino por ella y se la llevó. Desilusionada, La Dama de las Estrellas partió a otro lugar, buscando un noble consuelo en el ya conocido vacío galáctico…