Extraños

Me duele tu ausencia.

Me desgarra tu indiferencia,

me rompe la espalda tu silencio, 

me desbarata mi soledad.

 

Eliges tu camino

en danza libre, 

mortífero artilugio de amor, 

y eclosiona la esperanza de que me puedas amar,

a mi pesar,

a tu pesar.

 

Inquieta que todo esté suspendido,

tieso, rasguñado, tibio como beso aniquilado

en una noche fría de Neptuno,

cual amor desconsolado,

en carta abrumadora, puerta cerrada,

infinito laberinto de hiedra.

¿Dónde nos escondemos,

acaso jugamos a no entendernos?

 

Nadie me dijo que dolería,

no me avisaron que tu partida fría 

sería al despuntar el alba.

¿Cómo no extrañarse,

si entre los dos hay un bosque de confesiones,

palabras moribundas, 

sueños resquebrajados?

 

¿Cómo no doler tu frío,

tu mirada perdida,

si mis ojos ya no arden, 

si mis maños ya palparon

la dura pared del abandono?

 

¿Cómo reencontrarnos,

en este mundo de reflejos inciertos,

de niebla pálida, de fauces feroces?

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