Mes: mayo 2014

Extraños

Me duele tu ausencia.

Me desgarra tu indiferencia,

me rompe la espalda tu silencio, 

me desbarata mi soledad.

 

Eliges tu camino

en danza libre, 

mortífero artilugio de amor, 

y eclosiona la esperanza de que me puedas amar,

a mi pesar,

a tu pesar.

 

Inquieta que todo esté suspendido,

tieso, rasguñado, tibio como beso aniquilado

en una noche fría de Neptuno,

cual amor desconsolado,

en carta abrumadora, puerta cerrada,

infinito laberinto de hiedra.

¿Dónde nos escondemos,

acaso jugamos a no entendernos?

 

Nadie me dijo que dolería,

no me avisaron que tu partida fría 

sería al despuntar el alba.

¿Cómo no extrañarse,

si entre los dos hay un bosque de confesiones,

palabras moribundas, 

sueños resquebrajados?

 

¿Cómo no doler tu frío,

tu mirada perdida,

si mis ojos ya no arden, 

si mis maños ya palparon

la dura pared del abandono?

 

¿Cómo reencontrarnos,

en este mundo de reflejos inciertos,

de niebla pálida, de fauces feroces?

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¿Con qué autoridad?

Sí: ¿con qué cojones usted viene a mover mi poca y escuálida estabilidad? Sí, usted, no se haga la que no lee, ni ve, ni escucha: entiéndalo. Va y viene con esa locura, con la frescura que la caracteriza. Y va dejando despojos chiquitos de la poca discreción que me queda. Usted no ve el tormento, no sufre de fiebres ni sueños intranquilos. No se la pasa en la Luna ni en Júpiter ni en Saturno ni en Urano ni en Neptuno ni Kriptón, como yo, todo el día pensando en usted. Pensando en su pelo, en su mirada pícara. ¡Ay, maldita frivolidad! No quiere percatarse (o de plano soy un excelente actor) que la busco hasta sin querer, que desde la distancia yo atrapo su mirada felina. No se da cuenta que la vida nos puso en el trayecto, como la vida pone en su lugar a los corruptos en mansiones y al pobre tras las rejas. Véalo, por favor, mujer, usted que nada me ha dado: la voy queriendo con un fervor absurdo.

Somos tan diferentes que no hay lógica ni ciencia que explique la razón por la que me siento atraído por usted. Al momento de estar solos me arden las manos y estoy a punto de soltarle todo…pero la prudencia es mayor. Oh, prudencia, vaya calamidad. ¡Si mis manos lograsen alcanzar las suyas!

De acuerdo, esta forma de hablarte (y/o escribirte) es también absurda. Permíteme hablarte de una manera más salvaje, que pueda yo expresar más sobre tí. Caí de bruces, por casualidad, en un momento raquítico de mi vida, a la tuya. Sé que en el fondo hay algo contigo porque lo percibo, y al sentirlo lo ahogas, como a una cría salvaje que no debe salir a la luz.

Hay que darnos ese lujo, una oportunidad. Me dan ganas de temblar con el simple hecho de ser tuyo. Aún en las cercanías de un rompimiento quiero atreverme a conquistarte, a quererte. Ególatramente manipulo el tiempo y te doy respuestas sinceras, para que veas lo superior que soy a otros. Evito temas inadecuados que puedan desviar mis macabras intenciones contigo, tal vez es una forma cruel de ponerme a prueba y es cuando vuelvo a temblar, carajo, no estoy hecho para esto.

Lejos de tí soy como una puta pila de celular, demandante de su fuente de poder: tus ojos, tu sonrisa, y la espontaneidad con la que me platicas sobre cosas insignificantes. Tus mensajes, tu voz y esos garabatos en mis hojas me recordarán que en algún momento, hubo alguien especial. Sabré que tuve a alguien para querer…

Pero, ¿puedo convencerte yo de quererme? ¿De ser alguien importante en tu vida?

Dime, si yo puedo. ¿Con qué autoridad?