Mis versos están muertos.

Como los de Silvia Plath.

Muertos, perdidos, vagabundos.

Escasea el material con el que los construyo,

ya no sé con qué alimentar

a esta criatura insaciable,

se acostumbró a saciarse de sonrisas bellas,

de frescos retoños de amor.

Se hartó la bestia

de consumir migajas de lo que pudo ser.

Exige un manjar de besos,

una suculenta silueta,

un festín de deseo, una ruleta rusa

que clave un anuncio

exclamante, claro:

este hombre tiene dueña.

Mientras reconstruyo

el método de conquista,

estudio el mapa a tus venas,

memorizo el paso de tus ojos,

anhelo tu voz.

Tu cuerpo destruye mis trincheras.

Hace polvo mis flancos,

reduce a cero mi resistencia.

Ven, mi mente es nación para ser conquistada

por una mujer como tú.

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