Amor Ridículo, no te Vayas.

Me detesto por dejarte ir. Ilegalmente, en mi cabeza deseo tenerte a mi lado, voltear a verte sin la presión de ser atrapado en el intento. Como buen perdedor nuestras conversaciones no son tan buenas como quisiera. Tengo miedo de mirarte a los ojos más de 10 segundos y ya no encontrar la salida de emergencia. Soy tan novato en esto del amor que entre broma y broma la verdad se asoma. Y se asoma hasta que la urgencia o el desengaño, yo qué sé, se hace tan evidente como la inquietud de tus pies cuando estás aburrida o mis intentos por llamar tu atención.

Nos conocemos bien pero no lo suficiente. Últimamente creo mucho en que no basta esta vida que nos prestan para conocer a alguien; es más, muchas veces ni nos enteramos que no nos conocemos a nosotros mismos. Paradoja doble, quiero tocar tus manos y pienso (o quiero creer) que tu también y a lo mejor tanta indecisión colisiona y no llega absolutamente a nada.

Sé que te ha tocado tanto patán que cuando yo llego con tanta decencia, tanto cuidado de no rayar el prisma del respeto, para que refleje una luz que cubra mis defectos, tú no te la crees. O no quieres creértela. Somos, nosotros los humanos, criaturas cobardes, sin el más mínimo sentido de pensar “podríamos vivir bien, mira que es una persona agradable, linda”. Ja, me siento bien pinche cursi en este momento por escribir lo que estoy escribiendo, me saco de onda y me comporto de forma un tanto irresponsable, fuera de mí, porque ya no sé cómo hacerle para acelerar el tiempo y pedirte lo imposible, pero sé que lo necesitas tanto como yo.

Y no hablo sólo de sexo o lo que se le relacione; talvez es una necesidad un tanto imperiosa pero esto va más allá: buscamos gemas idénticas, nubes igual de blancas, una sonrisa espontánea, un muro de confianza, horas de conversación, mensajes tontos pero significativos…

Sabes que quisiera que te quiera porque quieres que algo más pase, queriendo que todo se vaya por un reverendo carajo, quieres un querer que te sepa querer, quieres que todo sea complicado y con motitas de humo encima de nuestras cabezas, creo yo podría soportar todo eso y hasta más, podrías querer probar mi astucia y tentar el límite de mi paciencia, a ver si con eso te puedo querer más de lo que todos querrían quererte.

Y mientras todo eso pasa, día a día me voy muriendo en esta nefasta indecisión.

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