-Sin Nombre-

¿Qué es la vida? Es memoria envasada. Es un camino tortuoso, indefinido, volátil, templado y frío. Un poema perdido, tus labios extraviados, unos ojos que extienden brillo, una mano que pide otra mano. Es experiencia vivida y por vivir. Es un futuro incierto, tu cabello resplandeciendo con el sol de verano. Es un recuerdo casi desvanecido, que va y viene. Es el aire inquieto y que te despierta en la madrugada, al entrar en tu habitación. Es el sabor de la victoria (dulce), del desamparo (amargo), de la muerte (ácido), Es el fruto de tu esfuerzo, las ganas que tienes de vivirla.

¿Qué sería de mi soledad –contigo, obviamente-¿ Dejaría de ser eso, soledad. Podría ser, talvez, el próximo cúmulo de reminiscencias que se atrapan al momento de morir. Porque esos son los que valen la pena visualizar siempre, hasta el final de los días. Aquellos momentos, que en lo particular atrapo y encapsulo en mi propia realidad. A nadie le interesa (no conozco a nadie así) que capture mentalmente los instantes insignificativos -mas no importantes- de mi vida. Por eso al recorrer viejos caminos, puentes, calles y edificios por donde alguna vez anduvieron mis pasos, recuerdo rostros, viejas historias, sonrisas…

Pero ahora tú, los demás, tú y nosotros tenemos un futuro que escribir, o más bien que vivir para poderlo escribir. Me aterra la idea que se desvanezca la posibilidad como polvo en el viento, cual arena fina en un tamiz. No me gusta que te separes de mí, me angustia tu ausencia hueca que intento rellenar gritando tu nombre. Pero no funciona, por más fuerte que mi voz proclame las letras que juntas forman un nombre que me cautivó desde que te conocí.

La vida resulta a veces más difícil de lo que nosotros quisiéramos. Algunos se consumen en el intento de solucionar el manojo de los problemas que cargan como una loza pesada en los hombros. Otros viven con ellos a cuestas, cual sombra pegada al Sol; ciertas personas no superan las malas vivencias y se queman internamente, pudriéndose y olvidando vivir y dejar vivir. Hay quienes intensa en incansablemente peleamos por encontrar u camino recto si piedras, tranquilo y apacible. He escuchado que para eso hay que esforzarse eternamente, hasta que nos transformemos en un cúmulo de luz y nos unamos al otro lado de la vida: la muerte.

Pienso que llegamos a este lugar con sólo una razón: vivir. En lo particular, el vivir debe ser el conjunto de experiencias buenas y malas, siendo las primeras las que (deberían) resaltar más, que brillen en la memoria hasta el final, sin que las segundas no dejen de importar: porque las malas pasadas implican sufrimiento, oscuridad, temor. Experiencias buenas: éxito, logros, una sonrisa, la risa misma, caminar en el pasto con los pies descalzos, un atardecer en el campo, admirar a los animales, la música (una cuerda haciendo contacto con el mástil, una tecla soltando una nota al aire, un bombo y su pedal, una voz interminable, un arco raspando las cuerdas de un violín, el viento poseyendo a una flauta, una trompeta), tus manos nerviosas clamando tranquilidad piadosa a las mías, tus ojos sin fin, con el sentido que da al sentido a ése mi sentir, el milagro de respirar tras hundirse en el mar, el Sol entrando en mi alma, bajo un árbol frondoso, una pintura de Rembrandt ó Miró ó Kahlo ó Varo ó Magritte ó Carrington, el admirar a mis peces nadando entre las roscas de mi acuario, la mirada de felicidad de mi perro al llegar a casa, el viento meciendo la copa de un árbol (para desgracia de los pájaros que viven ahí), un chiste simple pero rotundo de mis amigos, una lectura emocionante y ávida, sentir la multitud coreando contigo una canción en un concierto, gritar un gol deseado y oprimido (esperando salir con alegría), correr por las mañanas frías bañadas en tornasol, escuchar el ritmo cardiaco de un perro o gato en el estetoscopio…

Experiencias malas: miedo, ansiedad, tristeza, enojo, impotencia, o mejor dicho, sentir que tus propios esfuerzos no valen nada, un puente quebrado, cimientos que no se han terminado con palabras o conversaciones, tus lágrimas buscando ser apagadas con un consejo, sentirte solo o desconocido entre la gente (que se supone) conocida –aunque nos reconocemos con aquellas personas que supuestamente son ajenas-, la pobreza de mi pueblo sumido en su propia ignorancia, incapacidad y límites, con el contraste ofensivo de la riqueza y felicidad de otros, el no poderse expresar libremente, sin el temor a ser reprimidos con violencia ciega, vivir con la incertidumbre de no saber si encontrarás a alguien con quien compartir el camino a recorrer o si lo tendrás que caminar solo (y peor, haber encontrado a esa persona y que se te escape terriblemente entre los dedos), sentirte incómodo en tu propia casa, enfrentar mentes cerradas, machistas y retrógradas, ver a una mujer hermosa triste y sola, apartada de la fraternidad de algún grupo de amigos, el sufrir de un perro o gato abandonado a su suerte…

Ahora soy consciente de que los problemas se miden en escalas variadas: pequeños, grandes, preocupantes, absurdos. Nótese cómo se pueden combinar entre sí, por ejemplo, los míos son absurdos, pequeños y preocupantes en cierto modo, ya que éstos no siempre los genero yo. He aprendido que con el paso del tiempo, por mis ojos transcurren hechos que innegablemente no puedo dejar pasar por alto; ignorarlos es un acto suicida, y creo muchos (as) nos permitimos que la daga se pose lentamente en nuestros cuellos…es cuando reaccionar es el momento cumbre, desatarnos de las cuerdas que oprimen el pecho, sacar el coraje y el valor suficientes para librarnos de nuestros miedos, temores y ansiedades. Darnos cuenta que el destino sólo coloca piezas a favor y en contra, que el rompecabezas se resuelve eligiendo las decisiones correctas y que más nos convengan al momento. No hay excusas, ni deberes que no hemos de cumplir para ser felices, con la condición de vivir y dejar vivir, sin involucrar daños a terceros en el camino a dicha felicidad.

Quiero vivir. Respirar. Amar. Luchar (por mis ideales, por un bien, por el simple hecho de la razón). Experimentar. Caminar/correr en el momento adecuado. Disfrutar, cantar. Estudiar. Trabajar. Ser alguien pleno, que al morir, me sienta bien por lo que fui. Deseo morir como el mortal que soy, pero lleno de sabiduría.

Una inteligencia sin límites es el mayor tesoro de los hombres.

Rowena Revenclaw.

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