La Presencia

Quisiera alguna vez en mi falsa vida zafarme de mis principios, de las reglas e imposiciones que los demás forzan tanto, como si ello fuese placentero, cotidiano, que tenga que ser como un menester.

Lo digo yo, porque viví enclaustrado dentro de los míos, con los de mi raza, postergando siempre lo que quise ser: libre. Los de La Secta se han encargado durante siglos a que permanezcamos limpios, puros. ¿Quién determinó eso? ¿Acaso nunca se preguntaron que conseguirían con la Regla Máxima?Vivir ocultos tras la verdad, ha sido para mí la peor de las maldiciones, más significativa que vivir con los míos, a quienes he odiado durante milenios, cuyas épocas fueron repetitivas, sin sentido alguno mas que el vano hecho de sobrevivir a hurtadillas, acechando a mis presas para extraerles su Sustancia, sin poder apreciar…

…sin poder apreciar ni admirar sus cuerpos livianos, tibios, radiantes de sentimientos que yo jamás apreciaré; sólo he podido gozar de uno, si es que a eso se le puede otorgar denominación alguna: el deseo. Me he quedado impávido, petrificado y con una gran sensación de vacío insospechado, enclaustrado en el sentir imperfecto tras sus ojos risueños, llenos de vida, de un porvenir que augura luz que me llena de sensaciones insospechadas, como un goteo intermitente que pide a gritos ser drenado con pasión, con tus manos livianas y llenas de caricias frenadas por malas experiencias y que yo sería capaz de alabar con súplicas eternas para que toquen mis brazos, para aferrarme yo al instante mismo a tu cuerpo y nunca dejarlo, velarlo día y noche, aunque esto signifique la muerte de mi alma empolvada por el olvido.

La primera vez fue, y será única. Me encontraba en el sentir monótono de la acción que yo siempre me he visto obligado a realizar, odiosamente. Acechaba a mi siguiente víctima, insípida, cuando en la quietud normal de la noche pude percatar tu inconfundible aura, tu andar decidido entre la gente inexpresiva, que no se detuvo a ver la hermosa joya que se arremolinaba en medio de la multitud que esperaba el bus, y yo, congelado y con el pensar estéril, me ganó el impulso de arrancarte la Sustancia con dulce violencia; cambié de opinión cuando tus ojos aterrizaron en los míos, y fue un contraste visible a leguas, los míos tan fríos y distantes, y los tuyos tan llenos de fulgor y energía inigualables, entonces comencé a temblar, y a seguirte el paso.

Dentro del bus, me dediqué a escudriñar a los que nos rodeaban. Gente cansada, harta y apretujada se ceñían en sueños, en libros o conversaciones que no me interesaban. En algunos, provocabas suspenso ante cualquier movimiento que realizabas, por lo cual tus ojos se concentraban odiosamente en aquel que te mirara lascivamente. Pensé que eso debía enojarte. Pero debes de entender que los hombres indignos y los seres como yo estamos siempre ávidos de belleza, de esa desconcertante magia que sólo las mujeres expresan.

Recuerdo que algún día escribí en mis memorias: “Quisiera tener a mi lado una presencia inquietante, que me provoque desasosiego, que llene mis virtudes y mejore mis defectos, para proponerme ser alguien que sé no puedo ser… una entidad capaz de generarme pensamientos únicos, indescriptibles, por donde puedan cabalgar los deseos suprimidos”. En esos días hasta mis propias sombras perseguían a esa entidad que yo tanto anhelaba, sin encontrar recompensa a mi hambriento deseo de olor, sabor, consistencia, calor…mi piel comenzaba a mostrar signos de que ya faltaba sangre en mis corroídas venas, putrefactas de tanto líquido impropio, dicho a esto sangre de víctimas simples, comunes y que no ofrecían nada a mi simplicidad, por lo que solían ocurrirme repentinos ataques de histeria que solía aminorar con más sangre falsa, matando a decenas de personas en una sola noche.

Ya en casa, pude ver que vivías sola, con un perro grande y negro. Su presencia no me agradó. Me incomodó. Esperé hasta media noche, a que durmieras en tu lecho mórbido y blanco que era tu cama.

Si mi timidez no fuese mi primer enemigo…reposabas fina y tranquila, fría como porcelana…yo no sería tan temeroso de equivocarme…tus párpados ocultaban apenas el resplandecer de un sueño pasivo, o talvez inquieto, aguardando lo que te esperaba afuera… y saldría a tu encuentro, resistiéndome a acabar contigo… tu cabello caía como red en la almohada pura que absorbía ideas, pensamientos, sueños…mas eso no podría ser, marcaría mi derrota de nuevo y seguiría mi tortura, infinitamente…tu cuerpo era realmente divino, como hecho por el Sol, tallado por el Viento, teñido por la Tierra, iluminado por la Luna…recordaba a mis doncellas favoritas, muertas todas ellas sobre su cama, ensangrentadas, siempre con la misma expresión en sus rostros…irresistible, quisiera tocarte, marcar con mis dedos un dibujo único, sobre el óleo intacto que es tu piel…de sorpresa, amargura y vacío que dejaban tras su muerte repentina, por la succión inesperada de quien se le arrebata la vida fugazmente…cubierta de una delgada tela blanca…acto seguido se avecinaba el arrepentimiento y mi propia repugnación por el acto cometido, qué asco me doy, soy vil, vil…cada curva, cada poro, cada centímetro de tu ser…doy asco, soy un maldito miserable…aturdido por la belleza fantasmagórica de tu cuerpo, no me resisto acercarme a tu cuello y probar que mis labios toquen, prueben y gocen la espesa sangre que sale de tu tibio ser…

Poco a poco te he estado consumiendo. Esta noche, terminaré contigo. No puedo detener esa ansia por obtener el júbilo de tu vida. Soy incapaz de materializar mis ideales fallidos, aquellos por los que los de mi especie me insultaron, maltrataron y humillaron; yo me salía de sus prototipos de conducta, por ello me catalogaron de idiota obstinado, de buscar una vida sin tener que acabar con otras; y aquí estoy, solo, desde hace cientos de años, porque preferí la soledad a seguir soportando la ideología de la Secta, que es una reflexión inversa, un camino sin otra ruta, una trampa donde jamás hay salida, mas que la del prejuicio, la del engaño, aferrándose a las mentiras y al masoquismo dependiente del dolor, a una agónica tesis que soporta al odio, a la intolerancia y a la incertidumbre.

Por ello, procuro que mis víctimas se dejen extrapolar con mi condición de abandono, para que no pierdan nada relevante al morir. Creo ése es mi mayor deseo pero también mi gran pesar, ya que como dije antes, parece jamás detenerse…creo talvez un día, como éste, me asome por la ventana radiante de luz del cuarto de ésta mi última víctima, ya muerta, y contemplaré el nítido color y la abundante estela de calor que emana el Sol.

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